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El Calvario de Venezuela y la OEA en vilo… Featured

AUTOR  Marcelo Ostria Trigo
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Venezuela vive días de tragedia. Su gobierno reprime con brutalidad a quienes, como los universitarios, protestan y exigen que se respeten las libertades democráticas y los derechos humanos, que se maneje responsablemente  la economía, que se suspendan las subvenciones al extranjero a costa de las privaciones del pueblo y que se luche efectivamente contra la criminalidad y la corrupción. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

'Mi artículo semanal', de Marcelo Ostria Trigo, desde Bolivia

 

 

 

 

Venezuela vive días de tragedia. Su gobierno reprime con brutalidad a quienes, como los universitarios, protestan y exigen que se respeten las libertades democráticas y los derechos humanos, que se maneje responsablemente  la economía, que se suspendan las subvenciones al extranjero a costa de las privaciones del pueblo y que se luche efectivamente contra la criminalidad y la corrupción.  

Las huestes de Nicolás Maduro ya han causado dolor y muerte en las calles de Venezuela. Esto lo sabemos; también lo sabe el secretario general de la OEA, tan solícito y parcializado en la crisis hondureña –en esta no hubo muertos–, y que, ahora, vuelca la cara a otro lado cuando ostensiblemente se violan los derechos humanos y se incumplen las reglas de la democracia.

El secretario general conoce bien lo que mandan las normas interamericanas. Sabe que en casos como el de Venezuela está obligado a “solicitar la convocatoria inmediata del Consejo Permanente (de la Organización) para realizar una apreciación colectiva de la situación y adoptar las decisiones que estime conveniente”, lo que no hizo. Fue la representación de Panamá ante la OEA la que requirió que se reúna el Consejo para examinar esta crisis y, en su caso, convocar a una Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores.

La sesión del Consejo se fijó para el pasado miércoles 25 de febrero. Pero el secretario general se dio modos para suspenderla. El motivo aparente: causas administrativas. La secretaría general, entonces, confiesa que no había cumplido con su trabajo. Pero el verdadero móvil es otro: hay países miembros –los aliados y afines a Maduro– que prefieren que la crisis venezolana sea tratada en UNASUR, la preferida por la tibieza de sus integrantes. A esta  organización no pertenece Estados Unidos, precisamente el país al que el chavismo acusa, sin pruebas, de instigar un golpe de Estado contra Nicolás Maduro; no se desea que Washington, responda al grave cargo de financiar y organizar un golpe de Estado contra una supuesta democracia, y se ponga en evidencia el embuste de los “bolivarianos”,

Por otra parte, es deprimente el silencio de la mayoría de los gobiernos de los países miembros de la OEA, que ven con indolencia culpable que en las calles de los pueblos y ciudades de Venezuela se reprime brutalmente: se apresa, tortura y mata a quienes exigen democracia y libertad. Estos gobiernos, insensibles, y satisfechos de verse, por ahora, sin la violencia tan característica de los neopopulistas, parece que están dispuestos a transigir con los autoritarios. No se advierte que tengan el propósito de devolver a la OEA el papel que le fue asignado en la Carta de Bogotá que, paulatinamente, en esta gestión del secretario general, fue perdiendo por la presión del chavismo y sus aliados. Claro que así se va cumpliendo el viejo propósito del extinto comandante –ahora ya se lo llama “eterno”– Hugo Chávez Frías, que tomó la posta de Fidel Castro, en el empeño de hacer desaparecer el organismo internacional más antiguo del mundo: la OEA.

Hay que recordar, en medio de esta provocada crisis de confianza y de efectividad de la OEA, la célebre afirmación de su primer secretario general de la OEA, Alberto Lleras Camargo: La OEA "no es buena ni mala en sí misma, como no lo es ninguna organización internacional. Es lo que los gobiernos miembros quieren que sea, y no otra cosa". Entonces, si es tan mala la OEA, también lo son sus integrantes.

La OEA –hay que reiterarlo- por obra de los populistas, la complicidad de su actual secretario general y la apatía de muchos de sus miembros, ahora languidece.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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