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Retador y grosero con unos presidentes, encantador, entrañable y generoso con los de sus afectos. Hugo Chávez odió con la misma pasión al colombiano Álvaro Uribe y al mexicano Vicente Fox, por poner solo dos ejemplos de su amplia lista negra, como quiso a Evo Morales o al matrimonio Kirchner.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Retador y grosero con unos presidentes, encantador, entrañable y generoso con los de sus afectos. Hugo Chávez odió con la misma pasión al colombiano Álvaro Uribe y al mexicano Vicente Fox, por poner solo dos ejemplos de su amplia lista negra, como quiso a Evo Morales o al matrimonio Kirchner.

El mandatario fallecido nunca renunció a su sueño de una América Latina bolivariana y al no poder conquistar los territorios con ejércitos libertadores, los fue uniendo a su causa bien con la fuerza de sus ideales, bien con el poder de su inagotable chequera.

Al igual que hizo en su país natal, Chávez intentó abrir un abismo entre sus amigos de izquierda y los enemigos de otras tendencias ideológicas. Quizá fue durante el segundo mandato de Uribe donde más puso en evidencia su política internacional, que en ocasiones se antojaba más visceral que diplomática.

Aliados al principio, acabaron como enemigos irreconciliables atendiendo en ambos casos a sus intereses domésticos. Mientras Uribe hacía de su combate contra las FARC el eje de su gobierno, Chávez les brindaba en su país un santuario. Pese a ellos, su relación logró sobrevivir diversas crisis que parecían insalvables hasta que rompieron los lazos con carácter definitivo. Ocurrió por una dura denuncia que hizo Colombia en el seno de la OEA sobre la presencia de las FARC en Venezuela, antes de que Uribe terminara su último periodo.

Con la llegada de Juan Manuel Santos parecía que nada cambiaría puesto que el ex ministro de Defensa de Uribe y ex periodista era uno de los más ácidos críticos del coronel. Pero el nuevo Jefe de Estado necesitaba dar un viraje, sobre todo pensando en un proceso de paz con FARC y ELN, y el mismo día de su posesión le tendió la mano. Desde entonces mantuvieron una relación cordial que el gobierno Santos pretende conservar con Maduro. De hecho, en los pasillos de Casa Nariño hacían votos por la salud de Chávez, convencidos de que le necesitaban para llevar a buen puerto las negociaciones con las guerrillas y siempre han mostrado su apoyo incondicional a la Guardia pretoriana chavista.

Aunque Nicolás Maduro querrá continuar el legado de su jefe, no podrá liderar la revolución socialista. Ni su personalidad ni su trayectoria ni su famélico carisma le permitirán replicar la política exterior del desaparecido Presidente. No es fácil imaginar a un Rafael Correa, que acaba de barrer en las elecciones y que es un personaje soberbio, popular y bien formado, o a una Cristina Kichner empoderada, inclinando la cabeza ante Maduro, o a un Fidel Castro abrazándole como a un alumno favorito.
Incertidumbre en Cuba

Precisamente este último mandatario, ahora retirado, encontró en Hugo Chávez un socio preferente, vital, cuyo respaldo ideológico y energético (petróleo) dieron un respiro a la maltrecha economía cubana. Ahora, sin Chávez, se abre un periodo de incertidumbre en la isla.

Cuba ha recibido diariamente 100.000 barriles de crudo venezolano y a su vez unos 45.000 cubanos, la mayor parte relacionados con el sector sanitario, secundan en el país sudamericano planes sociales médicos y deportivos. En los últimos doce años, el gobierno de Hugo Chávez se ha convertido en el principal socio de la isla hasta el punto de que el volumen de intercambio comercial con Venezuela (que se elevó a más de 6.000 millones de dólares en 2010) representa el 40 por ciento del total registrado en Cuba.

Pero esa alianza fue mucho más allá de lo económico porque Hugo Chávez, con su revolución bolivariana, se convirtió en el alumno más aventajado de Fidel Castro: cuando Caracas y La Habana firmaron su acuerdo de 2000, ya el líder cubano destacó el "papel extraordinario" a que estaba llamada Venezuela "en la lucha por la unidad latinoamericana y la de los países del tercer mundo".

Unidos en la economía y en la política, Hugo Chávez y Fidel Castro también lo han estado en las graves enfermedades que ambos han padecido. Cuando en 2006 Fidel Castro enfermó y delegó el poder en su hermano Raúl fue el mandatario venezolano quien en numerosas ocasiones informaba sobre la evolución del líder cubano (su dolencia se declaró secreto de estado) y quien más aparecía junto a él en las fotografías y vídeos que permitían saber de su recuperación.

Nadie podía imaginar que años más tarde sería el anciano líder de la Revolución cubana quien le devolvería esos favores y atendería a su pupilo cuando, en junio de 2011, se le detectó y extirpó en Cuba el tumor cancerígeno que finalmente acabaría con su vida.

En aquel momento, Chávez conoció la "dura noticia" de su cáncer por boca de su amigo Fidel, quien, según contó el presidente de Venezuela, ya había intuido que su aliado no se encontraba bien incluso antes de detectarle el tumor.

La pérdida de Chávez supone un duro golpe para Cuba, que intenta superar la grave crisis económica que arrastra desde hace décadas con el plan de reformas del presidente Raúl Castro para "actualizar" el modelo socialista con medidas que han abierto espacios a la iniciativa privada, aunque de forma muy controlada.

La principal incógnita es si una Venezuela sin Chávez mantendrá ese generoso suministro diario de petróleo a una isla que depende y mucho de esos envíos y que ha fracasado hasta ahora en los intentos de encontrar crudo en la zona marítima que Cuba tiene en el Golfo de México. Las perspectivas para Cuba ante un panorama sin Hugo Chávez suscitan todo tipo de análisis aunque es generalizada la coincidencia de que ese escenario tendría un fuerte impacto en la isla que algunos auguran similar al que tuvo la caída de la Unión Soviética.

Si las finanzas venezolanas están tan quebradas como auguran los expertos, no podrá recurrir a sus arcas petroleras para seguir ayudando a su principal aliado. Sin Chávez, el nuevo Jefe de Estado venezolano será uno más entre la pléyade de socialistas de mayor o menor intensidad, y habrá que ver cuál de ellos recoge la batuta y se erige como nuevo líder de la corriente bolivariana en América Latina.

Sin Chávez también languidecerán organismos creados para ensombrecer el poder norteamericano en la región y que no tenían funciones claras. Tal vez se esfuman sus sueños bolivarianos y comienza una etapa tranquila, sin sobresaltos, pero un legado que nadie podrá arrebatarle al comandante Presidente es que los Estados Unidos ya no son ni los amos ni los líderes de América Latina. Chávez infundió orgullo latinoamericano y puso en su lugar a Washington.

 

 

 

 

Fuente ElMundo.es

 

 

 

 

 

 

 


Last modified on Saturday, 09 March 2013 00:00

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