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El irrelevante debate europeo sobre la austeridad. Featured

AUTOR  Daniel Gros
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E l síntoma más visible de la crisis en la zona del euro han sido las elevadas y variables primas de riesgo que ahora deben pagar los países de su periferia por la deuda pública. Por otra parte, un influyente escrito de los economistas estadounidenses Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff sugiere que el crecimiento económico cae bruscamente cuando la deuda pública de un país supera el 90 % de su PBI. Entonces, la receta de política para resolver la crisis parece simple: austeridad. Los déficits fiscales deben recortarse para reducir los niveles de deuda.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Daniel Gros, cortesía de Project Syndicate

 

 

 

 

BRUSELAS - El síntoma más visible de la crisis en la zona del euro han sido las elevadas y variables primas de riesgo que ahora deben pagar los países de su periferia por la deuda pública. Por otra parte, un influyente escrito de los economistas estadounidenses Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff sugiere que el crecimiento económico cae bruscamente cuando la deuda pública de un país supera el 90 % de su PBI. Entonces, la receta de política para resolver la crisis parece simple: austeridad. Los déficits fiscales deben recortarse para reducir los niveles de deuda.



Pero el debate sobre la austeridad y el costo de los elevados niveles de la deuda pública deja de lado un punto clave: la deuda pública contraída frente a extranjeros es distinta de aquella que se adeuda a residentes. Los extranjeros no pueden votar a favor de los mayores impuestos o el menor gasto necesarios para pagar los servicios de la deuda. Además, en el caso de la deuda local, una mayor tasa de interés o prima de riesgo solo conduce a una mayor redistribución dentro del país (de los contribuyentes a los tenedores de bonos). Por el contrario, en el caso de lo adeudado a extranjeros, las mayores tasas de interés llevan a una pérdida de bienestar para el país en su conjunto, porque el gobierno debe transferir recursos al exterior y eso habitualmente requiere una combinación de depreciación del tipo de cambio y reducción del gasto local.



Esta distinción entre la deuda externa y la local es particularmente importante en el contexto de la crisis del euro, porque los países de la zona del euro no pueden devaluar para aumentar sus exportaciones si esto es necesario para pagar los servicios de la deuda externa. Y la evidencia confirma que la crisis del euro no depende verdaderamente de la deuda soberana, sino de la deuda externa.



De hecho, solo los países con grandes déficits de cuenta corriente antes de la crisis fueron afectados por ella. El caso de Bélgica es particularmente esclarecedor, porque la prima de riesgo para la deuda soberana belga se ha mantenido reducida durante la mayor parte de la crisis del euro, si bien la relación entre deuda y PBI del país se encuentra por encima del promedio para la zona del euro -alrededor del 100 %- y ha estado sin gobierno durante más de un año.



Un ejemplo aún más crudo de la diferencia crucial entre la deuda externa y la local es el de Japón, que tiene, por lejos, la mayor relación entre deuda y PBI de los países de la OCDE. Hasta ahora, el país no ha experimentado una crisis de la deuda y las tasas de interés se mantienen excepcionalmente bajas, cerca del 1 %. El motivo es obvio: Japón ha mantenido durante décadas superávits considerables en su cuenta corriente y esto le dio ahorros internos más que suficientes para absorber localmente toda su deuda pública.



¿Qué implica esto para el debate europeo sobre la austeridad? Si la deuda externa es más importante que la deuda pública, la variable clave a ajustar es el déficit externo, no el déficit fiscal. Un país con una cuenta corriente equilibrada no necesita capital extranjero adicional. Por eso las primas de riesgo continúan cayendo en la zona del euro, a pesar de la elevada incertidumbre política en Italia y los grandes y sostenidos déficits fiscales en otras partes. Los déficits externos de los países periféricos están cayendo rápidamente, disminuyendo así la necesidad de financiamiento externo.



El debate sobre la austeridad y el elevado costo de la deuda pública es entonces engañoso en dos aspectos. En primer lugar, a menudo se ha señalado que la austeridad puede ser contraproducente, porque la reducción en el déficit fiscal puede conducir en el corto plazo a un aumento en la relación entre deuda y PBI si tanto el nivel de deuda como el multiplicador son elevados. Pero la austeridad nunca puede ser contraproducente para el ajuste externo. Por el contrario, cuanto mayor sea la caída en la demanda local como respuesta a un recorte del gasto gubernamental, más caerán las importaciones y mayor será la mejora en la cuenta corriente -y, en última instancia, la reducción de la prima de riesgo.



La experiencia italiana es iluminadora: los grandes aumentos impositivos implementados por el gobierno tecnocrático del ex primer ministro Mario Monti en 2012 tuvieron un impacto sobre la demanda mayor que el esperado. La economía se está contrayendo tanto que la relación entre deuda y PBI está incluso aumentando, y el déficit actual solo mejora marginalmente, porque los ingresos gubernamentales caen junto con el PBI. Pero el efecto colateral de la caída del PBI es una fuerte disminución de las importaciones -y por lo tanto una sólida mejora en la cuenta corriente, que explica por qué la prima de riesgo continúa cayendo a pesar de la agitación política desatada por la reciente elección inconcluyente en ese país.



En segundo lugar, si el verdadero problema es la deuda externa, el creciente debate sobre los resultados de Reinhart/Rogoff es irrelevante para la crisis del euro. Los países que cuentan con su propia moneda, como el Reino Unido -y en especial los Estados Unidos, que pueden endeudarse en dólares con los extranjeros- no enfrentan una restricción financiera directa.



Para esos países, importa si la historia sugiere que hay un fuerte efecto umbral una vez que la deuda pública supera el 90 % del PBI. Pero los países periféricos de la zona del euro simplemente no tuvieron elección: debieron reducir sus déficits porque el capital extranjero del cual tanto dependían sus economías ya no estaba disponible.



Pero lo opuesto también es cierto: en cuanto la cuenta corriente pasa a un superávit, la presión de los mercados financieros se aplaca. Es probable que esto ocurra pronto. En ese punto, los países periféricos recuperarán su soberanía fiscal -y podrán ignorar la advertencia de Reinhart y Rogoff por su cuenta y riesgo.

 

 

 

 

 



Daniel Gros es director del Centro de Estudios de Políticas Europeas.

 

 

 

 


Copyright: Project Syndicate, 2013.
www.project-syndicate.org


 

 

 

 

 

 

 

 


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