Informe Uruguay

¿Qué buscas en Informe Uruguay?

NEWSLETTER GRATUITO





SEMANARIO INFORME URUGUAY ¿QUIÉNES SOMOS?

MENSAJES DE LA REDACCIÓN

STAFF

SITIOS AMIGOS


Por qué los eurobonos no tienen precedentes en los EE.UU. Featured

AUTOR  Daniel Gros
Rate this item
(2 votes)

El consenso que surge en Europa en la actualidad señala que únicamente la “mutualización de la deuda” en forma de eurobonos puede resolver la crisis del euro; los partidarios de esta tesis a menudo citan la historia de los Estados Unidos, recordando que Alexander Hamilton, quien fue secretario del presidente George Washington, presionó con éxito al nuevo gobierno federal para que este asuma las deudas de la Guerra de la Independencia contraídas por los Estados de dicho país.

 

 

 

 

 

 

 

 

Daniel Gros, cortesía de Project Syndicate.

 

 

BRUSELAS - El consenso que surge en Europa en la actualidad señala que únicamente la “mutualización de la deuda” en forma de eurobonos puede resolver la crisis del euro; los partidarios de esta tesis a menudo citan la historia de los Estados Unidos, recordando que Alexander Hamilton, quien fue secretario del presidente George Washington, presionó con éxito al nuevo gobierno federal para que este asuma las deudas de la Guerra de la Independencia contraídas por los Estados de dicho país. Pero una mirada más cercana a este tema revela que lo que ocurrió en los EE.UU. en aquel momento no proporciona ni una analogía útil, ni un precedente alentador para los eurobonos.



En primer lugar, hacerse cargo de un stock de deuda pública existente en el ámbito federal es muy diferente a permitir que los Estados miembros de manera individual emitan bonos con responsabilidad “mancomunada y solidaria”, suscritos por todos los Estados miembros de manera colectiva. Hamilton no tuvo que preocuparse por el riesgo moral, debido a que el gobierno federal no garantizó ninguna nueva deuda contraída por los Estados.



En segundo lugar, rara vez se menciona que la deuda federal de los EE.UU. en dicho momento (que era de alrededor de $40 millones) era mucho más grande que la de los Estados (que era de alrededor de $18 millones). Por lo tanto, hacerse cargo de la deuda de los Estados no fue fundamental para el éxito de la estabilización financiera posguerra del nuevo país; en sí, fue un corolario natural del hecho de que la mayor parte de la deuda se contrajo por motivos de la lucha por una causa común.



Asimismo, las fuentes más eficientes de ingresos gubernamentales en ese momento eran los aranceles e impuestos recaudados en las fronteras exteriores. Incluso desde un punto de vista de la eficiencia, tenía sentido que el gobierno federal se haga cargo del servicio de la deuda pública.



El hecho de que el gobierno federal asuma las deudas de guerra de los Estados también dio como resultado una ventaja en términos de desarrollo económico: una vez que los Estados ya no tenían ninguna deuda, no tenían necesidad de generar ingresos a través de impuestos directos, lo que podría haber impedido el crecimiento del mercado interno de Estados Unidos. De hecho, después de que el gobierno federal asumió la deuda de los Estados (que ya era una pequeña parte del total), los ingresos de los Estados se redujeron en un 80 a 90%. Los Estados, consecuentemente, se tornaron por un tiempo en fiscalmente irrelevantes.



Por último, la clave para el éxito de la estabilización financiera fue una reestructuración profunda. Hamilton estimó que el gobierno federal podría generar ingresos suficientes como para pagar un interés de aproximadamente el 4% sobre el importe total de la deuda a ser repagada - cifra significativamente menor a la rentabilidad del 6% de las obligaciones existentes.



Por lo tanto, se ofreció a los tenedores de bonos tanto estatales como federales una cesta de bonos a largo plazo, algunos con una tasa de interés del 3%, y otros con una tasa del 6% (con un período de gracia de diez años). La cesta se diseñó de tal manera que el resultado final fuera un costo promedio de servicio de la deuda del 4%. En términos modernos, el “valor actual neto” de la deuda total (federal y estatal) se redujo aproximadamente a la mitad, si uno fuera a aplicar la habitual rentabilidad de salida del 9%.



Además, debido a que los vencimientos de los nuevos bonos federales eran de muy largo plazo, no existía riesgo de renovación. Hubiera sido muy peligroso exponer al gobierno federal a este peligro, teniendo en cuenta que la operación fue justificadamente percibida desde un principio como muy arriesgada.



Durante los primeros años de existencia del país, el servicio de la deuda se tragó más del 80% del total de los ingresos federales. El más mínimo impacto negativo podría haber llevado a la bancarrota al nuevo gobierno federal. Afortunadamente, ocurrió todo lo contrario: los ingresos federales se triplicaron debido al impacto que tuvo el vertiginoso auge de la reconstrucción posguerra, y siguieron creciendo rápidamente, con la ayuda de la habilidad que tuvo el país para permanecer neutral mientras que las guerras asolaban al continente europeo.



Por el contrario, hoy en día las perspectivas de crecimiento en Europa son más bien débiles, y los pagos de intereses, incluso para Grecia o Italia, representan menos del 20% del total de ingresos. El verdadero problema es la renovación de la deuda existente en un momento de estancamiento económico. Por ejemplo, Italia pronto tendrá un presupuesto equilibrado en términos estructurales, pero aún debe enfrentar el problema de la refinanciación de la deuda antigua a medida que llega a su vencimiento cada año.



Por lo tanto, es posible que también se necesite una restructuración profunda para apaciguar dudas sobre la sostenibilidad de la deuda pública en la eurozona. La crisis de la eurozona sin duda podría ser resuelta si toda la deuda pública existente se transformara en eurobonos a 20 años plazo con un rendimiento del 3%, y con un periodo de gracia de cinco años para el servicio de la deuda. Es fácil predecir el impacto que esto llegaría a tener en los mercados financieros.



En vista de la situación actual en la eurozona es más interesante considerar lo que ocurrió más o menos medio siglo después de que Hamilton actuó sobre los temas mencionados. En la década de 1830 y la década de 1840, un número de Estados había sobre-invertido en la tecnología de transporte que era líder en aquel tiempo: los canales. Cuando el boom de la construcción de canales llegó a su fin, ocho Estados y el territorio de la Florida (que en su conjunto representaban alrededor del 10% de la población total de EE.UU., en ese momento) no pudieron pagar sus deudas y los préstamos, mayormente otorgados por financiadores británicos, entraron en mora.



Los banqueros británicos amenazaron con no volver a invertir en esos estadounidenses que no eran dignos de confianza. Ellos podrían haber señalado al precedente establecido por Hamilton, y posiblemente ellos realizaron dichas inversiones bajo el entendimiento implícito de que en caso necesario el gobierno federal iba rescatar nuevamente a los Estados.



Sin embargo, a pesar de las amenazas de los acreedores extranjeros, el gobierno federal no fue al rescate. La solicitud de rescate no tuvo éxito debido a que no pudo reunir la mayoría simple de los Estados (representados por el Senado) y de la población (representada por la Cámara de Representantes) bajo el marco del procedimiento normal de toma de decisiones (el “método comunitario”,  en el léxico utilizado en la Unión Europea).



La historia demostró que el incumplimiento de pago de los préstamos llegó a ser costoso. La década de 1840 fue un período de crecimiento lento, y la continua presión de los acreedores extranjeros obligó a la mayoría de los deudores oficiales a reanudar sus pagos después de un tiempo. Entrar en mora no fue una salida fácil, y todos los Estados de los EE.UU. (con excepción de Vermont) desde aquel entonces han adoptado enmiendas a sus constituciones relativas a su equilibrio presupuestario, como una forma de reforzar su credibilidad fiscal. ¿Están listos los miembros de la UE a dar un paso similar?


 

Traducido del inglés por Rocío L. Barrientos.

 

 

 

 

Daniel Gros es director del Centro de Estudios Políticos Europeos.

 



Copyright: Project Syndicate, 2012.
www.project-syndicate.org


Leave a comment

Los campos indicados con (*) son requeridos.
Su direccion de email no sera publicada.

ARTÍCULOS POR FECHA

« June 2017 »
Mon Tue Wed Thu Fri Sat Sun
      1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30    
EL CLIMA EN NUESTRO PAÍS