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La inteligencia de las hormigas.

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El mundo de los insectos tiene mucho para enseñarle al de los humanos acerca de algunas cuestiones esenciales para la supervivencia. Cuando miramos un hormiguero en funcionamiento, lo primero que viene a la mente es cómo es que una sociedad de insectos consigue ser más productiva y eficiente que la nuestra. La respuesta es simple: no hay corruptos, hay reglas y son obedecidas.

 

 

 

 

 

 

 

Un estudio publicado en la revistaPLoS ONE en septiembre muestra cómo el castigo severo  a los corruptos, y la protección y beneficio a quienes castigan promueve una sociedad cooperativa y saludable, sin corrupción.



Cuando miramos un hormiguero en funcionamiento, lo primero que viene a la mente es cómo es que una sociedad de insectos consigue ser más productiva y eficiente que la nuestra. La respuesta es simple: no hay corruptos, hay reglas y son obedecidas.



La falla en la sociedad humana es que quien castiga, quien no coopera puede ser penalizado a causa de una venganza o sufrir amenazas y termina en peligro de extinción, y ese costo para quien debe ejercer el castigo termina causando una mayor tolerancia a la no cooperación de los demás y el consiguiente deterioro de la sociedad. En la gran mayoría de las sociedades de insectos no hay perdón. Quien no coopera, es un enemigo, y resulta un sistema judicial de alcance científico.



Sin embargo, algunas raras sociedades de insectos permiten que quienes ejercen el castigo puedan desistir, tal como ocurre en una especie de avispa y una de hormiga. Estos modelos se interpretan como corruptos: en ambos casos, la sociedad se beneficia de los desertores, porque a cambio de que los toleren, ellos deben seguir contribuyendo, aunque sea un poco, al grupo.



Los estudios demuestran que entre humanos la corrupción deteriora los lazos sociales, fomenta la delincuencia y genera desconfianza en la estructura jerárquica, reduciendo inversiones y desarrollo sustentable. La corrupción empeora la salud física y mental.



Los investigadores Duenez-Guzmán y Sadedin entienden que en la sociedad humana el interés económico promueve el no castigo a quienes no colaboran, es decir, fomenta la corrupción, y la única manera de evitarla es promover beneficios financieros al agente castigador y causar altos costos al infractor.



Con base en la teoría de que el castigo por no cooperar puede mejorar sustancialmente el rendimiento de una empresa, y que es crucial que los castigadores se libren de represalias y tengan un poder superior jerárquico, tal como sucede en la sociedad de los insectos, los investigadores crearon juegos teóricos con tipos de sociedades que exhiben diferentes interacciones entre sus personajes: desertores, castigadores no corruptos, corruptos y colaboradores.



Los autores concluyen que la sociedad humana existe con la interacción de todos esos actores, pero en un equilibrio muy inestable, en el cual la diferencia entre el poder de los castigadores correctos contra la suma de sus desertores con el número de corruptos es lo que define el éxito. Incluso una ligera diferencia a favor de la honestidad, tal como un puesto superior en la sociedad para los correctos, puede hacer una diferencia, ya que la búsqueda de esta posición social mejora la colaboración de todos contra los corruptos y reduce el número de deserciones entre los castigadores.



De acuerdo con el estudio, la ruta de acceso a la rectitud social es una sola: toda la sociedad debe contribuir gratificando a los castigadores y necesitan aumentar drásticamente los costos para corruptos y desertores.



Los autores creen que si la colaboración entre los seres humanos se basa exclusivamente en el castigo, la corrupción sería universal, inversamente proporcional a la deserción y directamente relacionada con el bienestar de la sociedad.



Pero crece junto, alimenta la delincuencia y empeora el desarrollo. Por lo tanto, la sociedad ideal es aquella en la que todos puedan castigar a los corruptos y deben cooperar, y la peor es una sociedad donde hay un gran número de colaboradores y el poder está en manos de los corruptos.



La democratización y el surgimiento del aparato policial facilitaron la aparición de la corrupción en la sociedad moderna. Pero las sociedades que han cambiado el equilibrio tendiendo a la corrección lograron avances mucho mayores que los que se permanecieron corruptas.



La clave del cambio es un castigo igualitario, una justicia sin distinción. Ahorrar algunos criminales y condenar a otros causa desequilibrio social y revuelta entre los colaboradores. La mejor salida es la justicia y no la venganza.

 

 

 

Fuente CartaCapital

 

 


 

Last modified on Friday, 28 September 2012 18:21

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